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Tutorial Touchdesigner : Customize Components

: Customize Components.

Custom Components Touchdesigner

Algo que para mi es realmente útil cuando trabajo con Touchdesigner es el poder “customizar  parámetros” que quiero ver. tal vez es de las primeras cosas que busqué cuando comencé a usarlo. Esto es algo que me viene heredado de la forma que tenía de trabajar con Quartz Composer; Es muy fácil perderse entre la gran cantidad  operadores y de los cuales al fin y al cabo, solo acabaras tocando unos pocos cuando tengas tu arreglo finalizado. Con ello no quiero decir que el resto de valores no tengan  su uso; puede ser que solo sean ajustes de otro ajuste antes o después de una cadena de operadores, por tanto, no tiene mucho sentido ver toda esta gran cantidad de datos todo el tiempo. En este sentido, la manera en la que me siento mas cómodo es agrupando esos modificadores en un mismo lugar y ese lugar es la pestaña “Custom components” de un Container o Base, por ejemplo. de verdad que vale la pena perder un poco el tiempo en este tema. Si uno se acostumbra, luego  no solo se trabaja de una forma mas rápida y eficiente si no que todo será mas limpio y agradable a la vista! Para comprobar todo esto que estoy diciendo, tan solo tenéis que arrastrar cualquier elemento de la paleta de para darse cuenta que  no son otra cosa que bases ( con operadores dentro que hacen #cosas”) con unos pocos parámetros agrupados en una misma pagina.

En el siguiente tutorial,  muestro el modo en que podemos crear nuestras propias bases, personalizadas y añadirlas a la paleta para ser reutilizadas en cualquier otro proyecto.

 

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Juanjo Fernàndez Rivero ( más conocido como Gnomalab) es un creador de contenidos a los que busca concienzudamente contintentes exactos, milimétricos, mediadores precisos del discurso que impregna su obra, aunque si izamos una mirada epidérmica sobre su trayectoria se aprecia la fuerza rotunda de formatos como el vídeo que pueden llevar a equívocos, como el de aseverar que es un artista formal. Un espejismo. El “cómo” es importante para Fernàndez Rivero pero el “qué” es crucial. Equívoco provocado por sus ansias de buscar y arriesgar formalmente. Experimentar. Es sintomático que Fernández Rivero sea hijo de la Generación X, no en balde llamada también la generación perdida o la generación de la apatía. Gente que ha vivido desde la TV en blanco y negro, a la televisión vía móvil. Que han jugado a las canicas en la calle al mismo tiempo que con las  Atari y las Playstation enclaustrados en sus dormitorios. Una generación sometida al bombardeo sistemático de un consumismo atroz. Que ha vivido la manipulación del sistema político, la llegada de internet, y cambios históricos como la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría, y el comienzo de otras guerras como la de los Balcanes o la de Irak, y la aparición del SIDA entre otros muchos acontecimientos que han construído sus referentes vitales. La generación más preparada de la historia que ve hundidas sus expectativas en trabajos mediocres, con sueldos mileuristas e hipotecas abusivas. Sistemáticamente ninguneados por una generación anterior enquistada en los centros de decisión de todos los ámbitos socioculturales y económicos que les ha confeccionado un traje a medida: un traje de cemento, un techo de cristal inexpugnable. Juanjo Fernández Rivero recoge este desasosiego vital, esta falta de expectativas, este rechazo inmóvil, ahondando en sus propios temas fetiche: el tiempo, el espacio, la luz, el sonido y lo efímero. Y la música, el vídeo, el live cinema, la creación de software y de manera muy particular la docencia, son los vehículos que utiliza prioritariamente para hacer oír su voz, una voz autodidacta, crítica, comprometida, generosa y singular, que huye de tendencias y de las autocomplaciencias clásicas de la Institución Arte.

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