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MIni Tutorial: SYPHON input to VDMX

MIni Tutorial: SYPHON input to VDMX

Este pretende ser el primero de una serie de Mini-Tutoriales que quiera realizar – si el tiempo me lo permite – sobre programas diversos.

syphon-1

En lugar de profundizar al completo sobre un programa determinado e pensado que sería mejor mostrar el funcionamiento de cosas muy concretas; donde debo hacer click, o donde debo instalar tal cosa, para que funcione lo que sea. A veces tenemos la solución delante de nuestras narices, pero es complicado de ver, o no te has leído un el manual de mil paginas o eres un vago y te da pereza revisar los hilos de un foro…

Serán demostraciones ágiles – como reto personal me e propuesto que no tengan una duración mayor de dos minutos- que ademas no serán narradas (dudo que de momento me de por hablar, no me gusta escucharme). Tampoco pienso seguir un orden concreto, si eso es lo que esperais, hago las cosas, como me vienen y estas serán mis pequeñas aportaciones para…la humanidad!?

en fin…aquí va el primero de la serie. Espero que le sirva de ayuda a alguien.

Input To DMX

  • El primer paso a seguir es bajar la applicacion de ejemplo Simple Server. Aquí
  • Ahora que ya tenemos la aplicación, simplemente hay que Abrirlo ( mejor antes de abrir )
  • Crea una interfaz basica en VDMX: 1 Layer, 2 Plugins Preview.

vdmx workspace inspector

vdmx workspace inspector

( para los vagos e dejado el Proyecto del tutorial listo para bajar justo Aquí)

  • EL siguiente paso es localizar en el Workspace Inspector el medio que va a usar la capa, en nuestro caso Syphon server que tenemos abierto,

VDMX layer

  • y en el menu Use Source seleccionar Syphon, alli nos aparecerá todos los servidores abiertos.

syphon-server-vdmx

  • Añade algunos efectos y prueba. Usa las ventanas de preview para comparar antes y después de los efectos.

vdmx syphon ipnut

  • Eso es todo! Ahora puedes ver el mismo proceso, pero en movimiento.

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Gnomalab

Juanjo Fernàndez Rivero ( más conocido como Gnomalab) es un creador de contenidos a los que busca concienzudamente contintentes exactos, milimétricos, mediadores precisos del discurso que impregna su obra, aunque si izamos una mirada epidérmica sobre su trayectoria se aprecia la fuerza rotunda de formatos como el vídeo que pueden llevar a equívocos, como el de aseverar que es un artista formal. Un espejismo. El “cómo” es importante para Fernàndez Rivero pero el “qué” es crucial. Equívoco provocado por sus ansias de buscar y arriesgar formalmente. Experimentar. Es sintomático que Fernández Rivero sea hijo de la Generación X, no en balde llamada también la generación perdida o la generación de la apatía. Gente que ha vivido desde la TV en blanco y negro, a la televisión vía móvil. Que han jugado a las canicas en la calle al mismo tiempo que con las  Atari y las Playstation enclaustrados en sus dormitorios. Una generación sometida al bombardeo sistemático de un consumismo atroz. Que ha vivido la manipulación del sistema político, la llegada de internet, y cambios históricos como la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría, y el comienzo de otras guerras como la de los Balcanes o la de Irak, y la aparición del SIDA entre otros muchos acontecimientos que han construído sus referentes vitales. La generación más preparada de la historia que ve hundidas sus expectativas en trabajos mediocres, con sueldos mileuristas e hipotecas abusivas. Sistemáticamente ninguneados por una generación anterior enquistada en los centros de decisión de todos los ámbitos socioculturales y económicos que les ha confeccionado un traje a medida: un traje de cemento, un techo de cristal inexpugnable. Juanjo Fernández Rivero recoge este desasosiego vital, esta falta de expectativas, este rechazo inmóvil, ahondando en sus propios temas fetiche: el tiempo, el espacio, la luz, el sonido y lo efímero. Y la música, el vídeo, el live cinema, la creación de software y de manera muy particular la docencia, son los vehículos que utiliza prioritariamente para hacer oír su voz, una voz autodidacta, crítica, comprometida, generosa y singular, que huye de tendencias y de las autocomplaciencias clásicas de la Institución Arte.

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