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Estudio sobre el Trampantojo – Luces Imposibles

Luces Imposibles – Estudio sobre el

definición de la RAE

trampantojo.(De trampa ante ojo).

1. m. coloq. Trampa o con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.

Sec-trampantojo_lucesImposibles

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Luces imposibles, es un estudio para proyectos Site-specific,  basado en una técnica tan antigua como es  el Trampantojo.

Los trampantojos tradicionales, suelen ser grandes pinturas murales, usadas por ejemplo en grandes medianeras de un edificio, o para crear decorados de gran realismo para  obras teatrales.   en este estudio cambio la pintura, por la luz proyectada ( lo que ahora se conoce con el termino de o ), para conseguir transmitir al espectador la ilusión de una  ”realidad intensificada“. La dificultad de este estudio, en comparación con los murales  tradicionales,  que siempre se ven desde un mismo ángulo (desde un solo plano), radica en que están pensados para espacios públicos, donde no existe un solo punto de vista.  De este modo el espectador debe descubrir el mejor punto de vista y pasa a ser un espectador activo. Por otro lado, la Luz proyectada en movimiento ( video proyección), puede ir variando  tanto el punto de Interes, como el punto de vista. Algo que no es posible conseguir  con la pintura tradicional.

para saber más sombre el Trampantojo

En el siguiente estudio, parto de una simple luz que cambia su posición en el espacio. Realizado a  partir de unas fotografías tomadas en una calle de bastante transito peatonal como es  el Portal Sant Roc, en Terrassa.

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Gnomalab

Juanjo Fernàndez Rivero ( más conocido como Gnomalab) es un creador de contenidos a los que busca concienzudamente contintentes exactos, milimétricos, mediadores precisos del discurso que impregna su obra, aunque si izamos una mirada epidérmica sobre su trayectoria se aprecia la fuerza rotunda de formatos como el vídeo que pueden llevar a equívocos, como el de aseverar que es un artista formal. Un espejismo. El “cómo” es importante para Fernàndez Rivero pero el “qué” es crucial. Equívoco provocado por sus ansias de buscar y arriesgar formalmente. Experimentar. Es sintomático que Fernández Rivero sea hijo de la Generación X, no en balde llamada también la generación perdida o la generación de la apatía. Gente que ha vivido desde la TV en blanco y negro, a la televisión vía móvil. Que han jugado a las canicas en la calle al mismo tiempo que con las  Atari y las Playstation enclaustrados en sus dormitorios. Una generación sometida al bombardeo sistemático de un consumismo atroz. Que ha vivido la manipulación del sistema político, la llegada de internet, y cambios históricos como la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría, y el comienzo de otras guerras como la de los Balcanes o la de Irak, y la aparición del SIDA entre otros muchos acontecimientos que han construído sus referentes vitales. La generación más preparada de la historia que ve hundidas sus expectativas en trabajos mediocres, con sueldos mileuristas e hipotecas abusivas. Sistemáticamente ninguneados por una generación anterior enquistada en los centros de decisión de todos los ámbitos socioculturales y económicos que les ha confeccionado un traje a medida: un traje de cemento, un techo de cristal inexpugnable. Juanjo Fernández Rivero recoge este desasosiego vital, esta falta de expectativas, este rechazo inmóvil, ahondando en sus propios temas fetiche: el tiempo, el espacio, la luz, el sonido y lo efímero. Y la música, el vídeo, el live cinema, la creación de software y de manera muy particular la docencia, son los vehículos que utiliza prioritariamente para hacer oír su voz, una voz autodidacta, crítica, comprometida, generosa y singular, que huye de tendencias y de las autocomplaciencias clásicas de la Institución Arte.

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