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Last Clock [iPad]

Last Clock

Developed by NewMediology (Danqing Shi), Last clock is a clock that uses popular technique to keep you in factual time, human time and remote time. Just like any other analog clock, the app has three hands: one for seconds, minutes and hours. The hands, however, are made of a slice of live that gets scanned to the clockface. With different refresh rate for the three hands, the three time circles reflect the rhythms of the at different temporal resolutions. The app also allows you to stream the last clock camera feed over the internet.

13:56:02 Kulturhuset, Stockholm, Sweden (above)

15:08:42 Ylivieska, Finland

The visual appearance of the Last Clock is highly influenced by what the camera is looking at. The composition, the colour range as well as the focus between the circles is very different depending on the target.

Last Clock was originally created in 2002 by Jussi Ängeslevä and Ross Cooper when at the Royal College of Arts in London. Here they started to rethink the display of time using live camera feed as a source, inspired by the earlier works looking at computational processing of time, and chronicled on Golan Levin’s reference pageThe Honorary Mention at Ars Electronica in 2003 throttled Last Clock to a world tour in various exhibitions for years to come.

angesleva.iki.fi | danqingshi.com | newmediology.org(under construction)

Platform: iPad
Version: 1.0
Cost: $3.99
Developer: New Mediology

21:05:09 Sydney, Australia

18:55:03 Venice Beach, California, USA

19:43:52 Splendor Road, Taipei, Taiwan

22:46:50 After football game, BBC2

Fuente original: http://www.creativeapplications.net/ipad/last-clock-ipad/Related Posts with Thumbnails

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Juanjo Fernàndez Rivero ( más conocido como Gnomalab) es un creador de contenidos a los que busca concienzudamente contintentes exactos, milimétricos, mediadores precisos del discurso que impregna su obra, aunque si izamos una mirada epidérmica sobre su trayectoria se aprecia la fuerza rotunda de formatos como el vídeo que pueden llevar a equívocos, como el de aseverar que es un artista formal. Un espejismo. El “cómo” es importante para Fernàndez Rivero pero el “qué” es crucial. Equívoco provocado por sus ansias de buscar y arriesgar formalmente. Experimentar. Es sintomático que Fernández Rivero sea hijo de la Generación X, no en balde llamada también la generación perdida o la generación de la apatía. Gente que ha vivido desde la TV en blanco y negro, a la televisión vía móvil. Que han jugado a las canicas en la calle al mismo tiempo que con las  Atari y las Playstation enclaustrados en sus dormitorios. Una generación sometida al bombardeo sistemático de un consumismo atroz. Que ha vivido la manipulación del sistema político, la llegada de internet, y cambios históricos como la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría, y el comienzo de otras guerras como la de los Balcanes o la de Irak, y la aparición del SIDA entre otros muchos acontecimientos que han construído sus referentes vitales. La generación más preparada de la historia que ve hundidas sus expectativas en trabajos mediocres, con sueldos mileuristas e hipotecas abusivas. Sistemáticamente ninguneados por una generación anterior enquistada en los centros de decisión de todos los ámbitos socioculturales y económicos que les ha confeccionado un traje a medida: un traje de cemento, un techo de cristal inexpugnable. Juanjo Fernández Rivero recoge este desasosiego vital, esta falta de expectativas, este rechazo inmóvil, ahondando en sus propios temas fetiche: el tiempo, el espacio, la luz, el sonido y lo efímero. Y la música, el vídeo, el live cinema, la creación de software y de manera muy particular la docencia, son los vehículos que utiliza prioritariamente para hacer oír su voz, una voz autodidacta, crítica, comprometida, generosa y singular, que huye de tendencias y de las autocomplaciencias clásicas de la Institución Arte.

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