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Delicode mejora la interfaz de Z Vector con la beta v0.92

Z Vector v0.92 beta

Captura de pantalla 2013-09-05 a la(s) 16.37.50

Todas las cosas buenas vienen con el tiempo. Esta versión cambia radicalmente partes de la interfaz de usuario, la introducción de una ventana monitor más grande(que también funciona como una vista previa / live view), así como un nuevo control deslizante de mezcla. en breve estrá disponible nueva documentación y un video demostrativo.

zvectorB0.92
Presentación de Z Vector v0.92 y la nueva y mejorada interfaz de usuario

 registro de cambios Z Vector Beta v0.92

  • La interfaz de usuario se ha modificado,  se la introducción una ventana de monitor con modo Preview y Live más grande  (usar el modo Live de 10 a 20% más rápido)
  • Nueva  modo de render que dual permite la edición de otro perfil en segundo plano mientras  se  muestra el primero en la mezcla  (el nuevo deslizador grande que se encuentra en “Mixer”)
  • Perfil brillo basada en el contraste y la saturación
  • Todas las miniaturas de triggers se almacenan en el arranque
  • Comprobación de errores para la generación de miniatura de vídeo
  • Cambios de movimientos suaves
  • Añadida la opción de VSync a las preferencias
  • las rutas OSC  ”/ ZVector” ahora también se aceptan, además de “/ Z Vector”
  • Todos las rutas OSC son visibles ahora en una ventana accesible desde el menú Z (esquina superior izquierda)

1. Descarga Z Vector

Requisitos mínimos del sistema

  • Mac (Intel 64 bits) OS X 10.7 + y Windows 7 +
  • Intel I3 o equivalente

Recomendada para el Sistema

  • De gama alta de NVIDIA o de la tarjeta gráfica ATI
  • Intel I7 o equivalente
  • 4 + GB de RAM

Descargar Z Vector beta para Mac

Descargar Z Vector Beta para Windows

Para la versión compatible OpenNI ( compatible Kinect para Windows) , descarguela desde  OpenNI Arena

te puede interesar:

Z Vector | para visualización y mezcla en vivo de sensores 3D

 

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Gnomalab

Juanjo Fernàndez Rivero ( más conocido como Gnomalab) es un creador de contenidos a los que busca concienzudamente contintentes exactos, milimétricos, mediadores precisos del discurso que impregna su obra, aunque si izamos una mirada epidérmica sobre su trayectoria se aprecia la fuerza rotunda de formatos como el vídeo que pueden llevar a equívocos, como el de aseverar que es un artista formal. Un espejismo. El “cómo” es importante para Fernàndez Rivero pero el “qué” es crucial. Equívoco provocado por sus ansias de buscar y arriesgar formalmente. Experimentar. Es sintomático que Fernández Rivero sea hijo de la Generación X, no en balde llamada también la generación perdida o la generación de la apatía. Gente que ha vivido desde la TV en blanco y negro, a la televisión vía móvil. Que han jugado a las canicas en la calle al mismo tiempo que con las  Atari y las Playstation enclaustrados en sus dormitorios. Una generación sometida al bombardeo sistemático de un consumismo atroz. Que ha vivido la manipulación del sistema político, la llegada de internet, y cambios históricos como la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría, y el comienzo de otras guerras como la de los Balcanes o la de Irak, y la aparición del SIDA entre otros muchos acontecimientos que han construído sus referentes vitales. La generación más preparada de la historia que ve hundidas sus expectativas en trabajos mediocres, con sueldos mileuristas e hipotecas abusivas. Sistemáticamente ninguneados por una generación anterior enquistada en los centros de decisión de todos los ámbitos socioculturales y económicos que les ha confeccionado un traje a medida: un traje de cemento, un techo de cristal inexpugnable. Juanjo Fernández Rivero recoge este desasosiego vital, esta falta de expectativas, este rechazo inmóvil, ahondando en sus propios temas fetiche: el tiempo, el espacio, la luz, el sonido y lo efímero. Y la música, el vídeo, el live cinema, la creación de software y de manera muy particular la docencia, son los vehículos que utiliza prioritariamente para hacer oír su voz, una voz autodidacta, crítica, comprometida, generosa y singular, que huye de tendencias y de las autocomplaciencias clásicas de la Institución Arte.

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